viernes, 5 de octubre de 2012

EL PROGRESO DEL EVANGELIO


Rev. Julio Ruiz, pastor
Mensajes sobre Filipenses

EL PROGRESO DEL EVANGELIO
(Filipenses 1:12-20)

INTRODUCCIÓN: El hombre que habló del “progreso del evangelio” v. 12, no fue uno de los modernos “apóstoles” con su “evangelio de la prosperidad”. Más bien fue uno que vio crecer y progresar el evangelio a través del sufrimiento por ser un preso del Señor.  Para este hombre, todos los padecimientos que vivió, fueron las oportunidades para que el evangelio avanzara. ¿Fue Pablo un fracaso? ¿Creyeron los de su tiempo que por ponerle preso también encerrarían al evangelio? ¡No! Él ha dicho lo contrario v. 12.  Todo lo de Pablo fue grande, por eso habla de un evangelio que progresa.  Como apóstol, fue el más grande, aunque se consideró como un “abortivo”; el más pequeño de todos. Como pecador, él se declaró el más grande de todos y “como el primero” en la lista. Como perseguidor de la iglesia, nadie tuvo más celo que él. En lo que respecta su conversión, nadie ha tenido una tan dramática como la suya.  Si lo tuviéramos que tomar como un cristiano cualquiera, Pablo simplemente fue extraordinario. Su experiencia fue tan profunda que llegó hasta el tercer cielo. Nadie como él para llegar a amar a su Maestro. No dudó en mencionar que él era poseedor de la gracia del Señor como ningún otro hombre en la tierra. Y cuando lo tenemos que ubicar como predicador de la Palabra, él sobresale como el auténtico “príncipe de los predicadores”. Fue apóstol a los gentiles, fundando innumerables iglesias y escribiendo casi la mitad del Nuevo Testamento. Su pasión por el Señor le llevó a llenarlo todo con el evangelio, tanto que ni los reyes y emperadores se escaparon en oír que para él, Jesucristo era el Señor.  Pablo nunca concibió su vida como la de un derrotado. Su visión fue siempre de progreso. Su más grande deseo era que el evangelio progresara, aunque por eso tuviera que sufrir. Muy amados hermanos, el “progreso del evangelio” es lo que realmente debiera importarle a un creyente.  Le voy a decir esto: Si todo lo que somos, hacemos y nos sucede, no contribuye para el progreso del evangelio, debiéramos preguntarnos para qué fuimos salvos. Si mis estudios, trabajo, bienes… es para mi propio progreso, de qué me sirve la vida cristiana. A luz de este pasaje veamos qué es lo que hace que el evangelio progrese.

I.                   EL EVANGELIO PROGRESA CUANDO PERMITIMOS QUE DIOS USE NUESTRA PROPIA ADVERSIDAD 

1. Preso el mensajero, pero libre la palabra. Pablo nunca usaría la pregunta “por qué” me sucedió todo esto, sino “para qué” me es este sufrimiento. Ninguna adversidad la consideró como una derrota. Desde la misma cárcel les dice a los atribulados filipenses que todas las cosas que le están pasando son una gran oportunidad para el avance del evangelio. Pablo sabía que estaba preso, lo cual no fue la primera vez, pero esa adversidad la usó Dios para su propio reino. Seguramente los filipenses estaban muy preocupados porque estarían maltratando al pobre Pablo, pero él les dice: “Quiero que sepáis…”, como una forma de decir “no se preocupen por lo que están pensando, yo estoy bien,  pues Dios  está usando mi adversidad para hablar de él”.  ¿Qué era lo que sucedía con Pablo? Cada soldado era un verdugo, pero también era un oyente cautivo.
Diariamente había por lo menos cuatro soldados que recibían el mensaje de salvación y eran portadores de las buenas nuevas a otros soldados y a sus propias familias. Así que Pablo estaba preso pero no la palabra. Amados, es así como progresa el evangelio. ¿Qué hace usted con su adversidad?  ¿La convierte en bendición? Cuantos pueden conocer al Señor por su sufrimiento.

2. Todo ayuda para bien. Pablo fue quien escribió Romanos 8:28.  Así que si alguien conoció el valor de ese texto, fue su propio autor. Nadie como él para distinguir entre una cadena y otra de las que arrastraba. Por causa del Señor él era un preso en cadenas. Aunque su celda era una casa alquilada, y no un calabozo, estaba conectado a soldados con cadenas 24 horas al día. No era fácil para un hombre con esa pasión por el perdido, estar en cadenas. Sin embargo, eso no impidió que cada soldado y posterior reyes, conocieran del evangelio. Pablo convirtió  su adversidad  en triunfo. La historia está llena de testimonios sobre cómo Dios ha usado el sufrimiento de algún creyente para que el evangelio avance. “La sangre de los mártires es semilla de cristianos” es la frase que ha hecho el gran progreso del evangelio como una referencia obligada al hablar cómo Dios usa las cosas para bien.  Toda adversidad cristiana debiera contribuir para el progreso del evangelio. Hay flores que cuando se le pisan expanden mejor su aroma. Todo el cuartel de la guardia de honor romana conoció del evangelio por las cadenas de Pablo v. 12. “Y sabemos que a los que amamos a Dios todas las cosas ayudan para bien”.

II.                 EL EVANGELIO PROGRESA CUANDO TENEMOS UNA DISPOSICIÓN DEL ÁNIMO PARA COMPARTIR LA FE

1. Hay que cobrar ánimo v. 14. Este es un texto extraordinario. La aflicción no siempre produce ánimo. La verdad es otra. Conozco muchos creyentes que viven derrotados. Las adversidades de sus seres más cercanos o la de ellos mismos, les cambia sus rostros y los hacen  creyentes tristes e improductivos. Pero note la diferencia con los hermanos de Filipos. Pablo deja constancia de la forma cómo ellos cambiaron de actitud cuando escucharon de su informe y la manera cómo Dios lo estaba usando. Mis amados si algo debiera poseer el creyente es ánimo.  Tenemos un gran déficit de ánimo en nuestras vidas. El desánimo pareciera ser la nota distintiva en algunos seguidores del Señor. La pasión por el Señor en algunos no es sino “un tizón que apenas humea”. Alguien ha dicho que  “es muy difícil contagiar salud, pero qué fácil es contagiar enfermedad”. El creyente debe ser alguien que siempre esté cobrando ánimo. Ese es el mejor contagio que necesitamos. El progreso del evangelio va más rápido cuando el ánimo es notorio. Cuando Israel estaba en la gran encrucijada de su vida después de haber salido de Egipto, Moisés les arengó de esta manera: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis” (Ex. 14:13). Las victorias cristianas solo se logran con un ánimo resuelto. Eso no lo detiene nadie.

2. Hay que atreverse mucho más v. 14b. Los hermanos filipenses después que   cobraron ánimo  fueron audaces, osados y atrevidos para anunciar el evangelio. “Atreverse mucho más” es el secreto del crecimiento. La verdad es que una iglesia no crece si no tiene hermanos atrevidos que durante la semana están hablando de Cristo. Vemos como los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz. Observe usted cuán atrevidos son los Testigos de Jehová o los mormones. ¿Ha visto usted el empeño con el que ellos salen a vender sus productos? Observe cuán atrevidos están  siendo los musulmanes. A ellos no les importa  orar varias veces al día a delante de quien sea, a su insignificante dios. ¿Y qué pasa con los que hemos recibido de parte de Dios una salvación tan grande y la gran comisión para predicar el evangelio? ¿Somos atrevidos en hablarle a nuestros compañeros de trabajo, de estudio,  de negocio o vecinos? Mire el caso bíblico donde un grupo de hermanos se atrevieron mucho más y dio como resultado el nacimiento de la iglesia de Antioquia (Hch. 11:20). El progreso del evangelio tiene que ver con la palabra “atreverse”. “Hablar la palabra sin temor” es un riesgo que todos debemos correr.   
 
III.             EL EVANGELIO PROGRESA CUANDO CONFRONTAMOS LOS VERDADEROS MOTIVOS DE LA PREDICACION.  

1. Predicar por envidia v. 15. En medio del reconocimiento que Pablo hace aquellos hermanos que estaban animados y atrevidos compartiendo la palabra, también descubre a un grupo que estaban haciendo las cosas por envidia. ¿Cómo se entiende esto? Al parecer se planteó una rivalidad entre los dos grupos y también con Pablo. Las iglesias han encarado la rivalidad por años y ` parecen no escapar al tipo de motivación con que se hacen las cosas para el Señor. Lo que llama aquí la atención es que este feo pecado aparezca dentro de la predicación de la palabra. Ese grupo no estaba anunciando a otro Cristo como sucedió entre los gálatas. No eran seudos creyentes. Eran hermanos legítimos que tenían la misma fe y predicaban al mismo Cristo. ¿Cuál era su problema? Que estaban predicando a Cristo por  envidia. Ellos tenían una motivación incorrecta. Mis amados hermanos, Satanás ha usado este pecado entre los hermanos desde el principio. ¿No fue este el pecado por el que Caín mató a su hermano Abel? Se ha dicho que los envidiosos son aquellos que se sienten molestos ante el éxito de sus amigos. Y esto era lo que pasaba con aquel grupo de los filipenses. El éxito de Pablo era muy grande, por lo tanto eso despertó en ellos envidia y predicaban con una falsa motivación.   ¿Siente envidia por la forma cómo otros hacen las cosas? La envidia debe ser confrontada. Ese pecado detiene el evangelio.

2. Predicar por contienda v. 15b. Al pecado de la envidia, Pablo añade la contienda. La verdad que esto pareciera una contradicción de términos. ¿Cómo explicar que alguien se dedique a predicar a Cristo por contienda? Cuando se hacen las cosas por contienda se alimenta una baja pasión conocida como el egoísmo. Es triste pensar que así como el amor y la unidad van juntos, también la envidia y la contienda con amigas inseparables. Se ha pensado siempre que la iglesia a los filipenses era un modelo de virtudes, como el gozo y la generosidad, pero como en toda iglesia, la presencia de estos feos pecados también se hizo presente. Tan grande fue el asunto que en el siguiente capítulo Pablo va poner más evidencia esta situación en la vida de la iglesia. Así que, dentro de uno de los más grandes capítulos de la Biblia, él va a decir esto: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:3, 4). Cuando somos confrontamos y corregidos con estas palabras para revisar las verdaderas motivaciones con la que le servimos al Señor, predicaremos al Señor sin estos feos pecados del alma y haremos más grande progreso al evangelio.

Ilustración: La historia nos dice que John Wesley y George Whitefield fueron dos grandes predicadores ingleses, pero con profundos desacuerdos en asuntos doctrinales. Un día alguien le preguntó a Wesley si espera ver a Whitefiel en el cielo, a lo que éste respondió: “No lo creo”. “Entonces Whitefiel no fue salvo”, dijo el hombre. “Por supuesto que él fue un hombre convertido”, dijo Wesley. “Pero no voy a esperar verlo en el cielo, porque él estará muy cerca del trono de Dios y yo estaré muy lejos de allí”. He aquí la verdadera motivación para predicar.

IV.             EL EVANGELIO PROGRESA CUANDO PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO Y EL MORIR ES GANANCIA v. 21

Pablo comenzó diciendo que los sufrimientos por los que estaba pasando estaban contribuyendo para el progreso del evangelio. Esto puso de manifiesto el lugar que Jesucristo ocupaba en el corazón de este distinguido apóstol. De modo, pues, que no fue raro que Pablo pronunciara uno de los textos que más revolucionan la mente de todo lector. Para este hombre de Dios, la muerte era la mejor cosa que le podía pasar. Así que Pablo no le tenía temor a ella, la cual, por cierto, estaba segura allí en Roma. Pablo no sabía con qué muerte iba a glorificar a Cristo, pero estando en Roma, y teniendo a Nerón como el verdugo del reino, cualquier muerte atroz podía venir. Pero mire lo que dice el texto v. 21. “Vivir en Cristo” y para Cristo es el secreto del progreso del evangelio.  Para muchos, la muerte es el fin de todos, para el creyente es su mejor ganancia. Para el cristiano, su preocupación debe ser vivir para Cristo. Quien esto hace, toda su vida se transforma en un testimonio vivo y con ello el continuo progreso del evangelio. ¿Es así nuestra vida? ¿Cuál es mi contribución para el progreso del evangelio? ¿Qué hago para que avance?

CONCLUSIÓN: El resumen que Pablo hace a sus hermanos filipenses para  que en todo trabajan para el progreso del evangelio, lo presenta en este texto final: “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio…” v. 27.  Este es el testimonio que toda iglesia debiera presentar para que la proclamación del evangelio no se detenga. Este es el espíritu que hace posible la victoria y el progreso del evangelio. ¿Cuál  es su parte para que el evangelio progrese?

    

martes, 25 de septiembre de 2012

UNA OBRA EN CONSTRUCCION


Rev. Julio Ruiz, pastor
Serie de Sermones
Basados en la Carta a los Filipenses

UNA OBRA EN CONSTRUCCION
(Filipenses 1:6; Jeremías 18:1-6)

INTRODUCCIÓN: Si usted tuviera la ocasión de cambiar alguna parte de su cuerpo, ¿qué  le gustaría cambiar? Esto lo decimos porque no son pocos los que están conformes con algunas partes de su cuerpo. Al respecto hay una mala y una buena noticia. La mala noticia es que ni usted ni yo podemos hacer más nada, a menos que se haga una reconstrucción plástica. La  buena noticia es que Dios no ha dejado de  trabajar en su vida, lo cual lo ha venido haciendo desde la eternidad. El asunto es que él no solo nos creo de acuerdo a su “imagen y semejanza”, sino que sigue trabajando en nosotros, por cuanto somos una obra en construcción.  ¿No es maravilloso pensar que Dios pudo haber acabado con el hombre hace tiempo y  en lugar de eso lo sigue cuidando? Así que el hombre, su más grande obra, la sigue construyendo. Por lo tanto, no somos cualquier cosa; Dios se tomo su tiempo en diseñarnos. Somos su obra maestra. Pablo es la mejor representación de lo que es esa “obra en construcción”. Nadie fue como él antes del encuentro con Cristo. Sin embargo, cuando tiene que hablar de la seguridad de salvación, y de la obra que el Señor hace en su vida, utiliza la palabra “persuasión”  para hablarnos de algo que es así, que está totalmente seguro. Pablo estaba persuadido que la obra que comenzó el Señor entre los filipenses, y que tenía que ver con su propia vida, no quedaría inconclusa. Esa obra no es como la que comienzan muchos hombres, que al no ser concluida, son monumentos a la desidia. Hablamos hoy de la obra más grande jamás construida, pero todavía no acababa: la salvación. ¿De qué se trata esa obra en construcción? ¿Por qué somos para Dios lo más grande de todas sus obras?

I.  ESTA OBRA EN CONSTRUCCIÓN ES UNA BUENA OBRA

Hay obras en construcción que ya son malas obras. Note que esta es “la buena obra…”
¿Por qué la salvación es una buena obra?

1. Es la obra que limpia de todo pecado. Satanás introdujo el pecado de la codicia y de la desobediencia en la inocente pareja del Edén. Desde entonces se conoció una de las sentencias más tristes que oído humano haya podido escuchar. El profeta Isaías la expresó así: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is. 64:6). Y el apóstol Pablo lo expresó así: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). Hubo muchos sacrificios antes que Cristo viniera. Sin embargo, ninguno de ellos compensaba  la justicia divina. El hombre iba en una condenación semejante a la de los ángeles que cayeron. Pero,  ¿qué sucedió? Escuche uno de los textos más sorprendentes de las Escrituras: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). La “buena obra” que Dios comenzó en nosotros tuvo que ver primero con el perdón de nuestros pecados. El grito más intenso de dolor que salió desde aquella cruenta cruz, “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?”,  nos habla del altísimo costo del perdón de nuestros pecados. El horror de aquellas horas se hizo aun más terrible, cuando tres de ellas fueron de oscuridad;  Dios ni vio ni auxilió a su Hijo en aquel momento. Todo eso los sufrió el Señor por nosotros.

2. Por la tarea que se nos ha dejado. Es importante que sepamos que Dios  perdonó nuestros pecados con un propósito. Esto quiere decir que todos nacimos para un propósito. A través de la sangre de Cristo, Dios nos aseguró el destino eterno. Pero nos ha dejado acá para cumplir con una misión histórica. Me gusta lo que ha dicho Rick Warren en su libro Una Vida con Propósito: “No eres un accidente. Tu nacimiento no fue un error o infortunio, tu vida no es una casualidad de la naturaleza. Tus padres no te planificaron; Dios lo hizo. A él no le sorprendió tu nacimiento. Es más, lo estaba esperando” (pág. 21). Amados, la “buena obra” que comenzó en nuestras vidas tiene que ver con este propósito. Lo triste será que pasemos por este mundo sin haber descubierto la razón por la que Dios nos ha salvado. El apóstol Pedro no lo pudo poner mejor cuando habló de lo que somos ahora para Dios, pero también del inigualable compromiso que ahora todos tenemos (1Pe. 2:9). Somos “reyes y sacerdotes” para anunciar las “virtudes” del que nos llamó.

3. Porque Dios desea compartir su gloria. Dios te creo y te salvó para que vivas con él para siempre. Sin embargo, Dios no tenía necesidad de habernos creado. Él podía vivir con o sin nosotros. Siempre ha tenido su gloria. Nuestra creación no alteró en nada lo que él es. Sin embargo, la razón por la que nos creo fue para que compartiéramos su gloria. ¿No es esto maravilloso? Una de las cosas que Cristo hizo con sus discípulos fue darles mucha información acerca del lugar de donde él venía. Les dijo que su reino no era de  este mundo. Les dijo que él y el Padre eran uno solo. A los fariseos lo confundió diciéndoles que antes que Abraham fuera ya él existía. Y cuando estaba para ir a la cruz les dio una de las más confortantes promesas (Jn. 14:1-2). Al final oró así: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Jn. 17:22). De todo esto se desprende que la “buena obra” que el Señor está haciendo es para que seamos dignos ocupantes del reino de los cielos, llegando a ser semejantes a los ángeles.

II. ESTA OBRA EN CONSTRUCCIÓN TIENE UN  CONSTRUCTOR DIVINO

1. “El que comenzó en vosotros…”.  Si esta obra dependiera de nosotros jamás podía ser concluida. Somos dados a comenzar muchos proyectos, pero muchos se quedan en el camino. Piense por un momento en  las dietas que se ha propuesto hacer. Piense en algún estudio que ha querido terminar. Piense en algún trabajo que no ha podido concluir. Por nuestra propia naturaleza vemos que hay muchas cosas no concluidas. ¡Imagínese por un momento si esta “buena obra”, hablando de la salvación, dependiera de nosotros! ¡Quién pudiera ser salvo! Hay movimientos modernos que presuponen que el hombre puede salvarse por sí mismo. Mediante lo que se conoce como “el poder de la mente” pretenden hacernos ver que el hombre no necesita a Dios para alcanzar su propia salvación. Pero mientras más se dan estos intentos, el hombre descubre que posee una naturaleza corrompida que le impide hacer una “auto limpieza” del alma. Cuando el hombre trata de salvarse por sí mismo, la Biblia le recuerda que sus obras son “como trapos de inmundicia”. Solo Dios podrá cambiar nuestra naturaleza corrompida, nadie más lo hará.
2. La buena obra se consumó en la eternidad. A Dios no le tomó por sorpresa la caída del hombre. Si alguien pensó que Dios comenzó a preparar un plan para redimir al hombre al momento que este le falló, se equivoca. La “buena obra” del cual nos habla Pablo fue objeto de un considerado plan en la misma eternidad. Pedro y Juan nos hablan de un cordero sacrificado antes que el mundo  fuese. El constructor de esta obra la había preparado en algún momento de la eternidad. Semejante decisión nos habla de  una salvación anticipada. ¿Quién mató a Cristo? ¿Los judíos? ¿Los romanos? Sorpréndase con lo que dice Isaías 53:6, 10. Todos esto sucedió para que se cumpliera lo que más adelante Pablo, haciendo gala de su erudición y queriendo mostrarnos lo que significa esa “buena obra” originada en la misma eternidad, nos dijo: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro. 8:29, 30).  ¿Puede usted pensar en algo mejor que esto?
III. ESTA OBRA EN CONSTRUCCIÓN PRONTO SERÁ ACABADA

1. “…la perfeccionará…”. Un escultor ve a través de una tosca piedra o un pedazo de mármol  una obra consumada. Es así como los grandes genios de la creación han sacado figuras de ángeles y de seres humanos de lo que nadie podría imaginarse. Ellos han visto algo extraordinario en lo que para nosotros es ordinario. Dios es el escultor por excelencia. En el  principio tomó del polvo de la tierra e hizo una figura al que  después llamaría hombre. Luego le puso el soplo de su aliento y llegó  a ser un alma viviente. Pero Dios sigue trabajando en ese hombre que hizo al principio. Por cuanto el pecado dañó su obra, ahora está trabajando en su perfección. ¿Somos ya perfectos? ¡No! Pero Dios está trabajando. Jesucristo dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Hay muchas cosas en nuestras vidas que necesitan ser perfeccionadas por cuanto somos una obra en construcción bajo el diseño divino. Job lo expresó así: El, pues, acabará lo que ha determinado de mí; Y muchas cosas como estas hay en él” (Job 23:14).  La perfección significa que Dios en el pasado, nos libró de la culpa del pecado. En el presente, del poder del pecado y en el futuro, de la presencia del pecado. Es obvio que no somos perfectos, pero el texto dice que nos perfeccionará. Esa es la meta final del creyente.

2. “…hasta el día de Jesucristo”. Cuando Dios nos salvó comenzó la “buena obra”. En algunos el trabajo ha sido más fácil, mientras que en otros su trabajo requiere mucha paciencia. Hay que recordar que en el momento de la conversión el Espíritu Santo hizo su obra cuando fuimos “sellados para el día de la redención” (Ef. 4:30). Con esta seguridad Él ha seguido trabajando hasta formar a Cristo en nosotros. Sin embargo, ese trabajo no será completado sino hasta que Cristo venga. El texto nos dice que “el que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Esta es una de las grandes promesas de la Biblia. El texto nos dice que  Dios no solo va finalizar esa “buena obra”, sino que la irá perfeccionando hasta ese día glorioso. ¿No suena esto maravilloso cuando pensamos en nuestro carácter, en nuestras debilidades, en nuestros altos y bajos, en nuestros estados emocionales? ¡Tenemos la seguridad que seremos mejores en el futuro! Dios “no se fatiga con cansancio” en esta obra. La venida de Cristo traerá cuerpos transformados y cuerpos resucitados. ¿Está usted persuadido de esto?

CONCLUSIÓN: Un día el Señor le dijo al profeta Jeremías que se levantara y fuera a la casa del alfarero (Jer. 18:1-6). Dice que mientras éste trabajaba en la rueda, la  vasija de barro que hacía se le  echó a perder en su mano. Pero que luego volvió e hizo otra vasija, con el mismo barro, según le pareció mejor hacerla. El Señor luego aplicó esto a Israel quien era como barro en sus manos. Dios podía hacer una vasija mejor de ellos. Esta es la verdad aplicada a la vida espiritual. El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta que él venga. Muchas veces esa vasija se cae y se rompe y tiene que comenzarse otra vez. Algunas veces se usará la rueca para darle forma. Pero al final saldrá la obra para la cual Dios nos ha creado. ¡Ánimo, hermano, Dios no ha dejado de trabajar en ti! Lo hizo en Pedro  quien pasó de ser “Simón” (algo que se mueve con el viento) a “Pedro” (roca). Tú eres una obra en construcción, pero estás en las manos del Alfarero Divino. La más grande promesa es que “aquel quien la buena obra empezó
será fiel en completarla”. Dios no deja nada inconcluso. Lo prometió y lo hará.

LOBOS CUIDANDO OVEJAS


         
 Por: Misael Reyes

MATEO 7: 23

No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrara en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Entonces le declarare: “Nunca os conocí”. ¡Apartaos de, hacedores de maldad!”

¡ABRAN SORPRESAS Y TAMBIÉN SENTENCIAS!

Muchos de los que hoy hacen alarde de sus poderes sobrenaturales para hacer milagros; van a sufrir “en aquel día” la más grande de las decepciones.
Muchos de los que hoy se autodenominan apóstoles y profetas y que se visten con el manto de una falsa espiritualidad, van a escuchar de los labios del propio Jesús, la más dura de las sentencias que sus oídos hayan escuchado y que merecen por sus actos de mentira y de engaño.

DESCRIPCIÓN DE LOS FALSOS PROFETAS.

Jesús describe a los falsos profetas como “LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS” (7: 15) que vienen para aniquilar el rebaño. El aposto Pablo también los califico de lobos rapaces: “porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros LOBOS RAPACES que no PERDONARÁN al rebaño”. (Hechos 20: 29)

INGENUIDAD ESPIRITUAL: UN CAMPO ABONADO PARA LOS FALSOS PROFETAS.

Mucha gente esta impactada y embelesada por estos obradores de milagros, que sus mentes no les permite ver el engaño que se esconde de tras de su aparente santidad.

LAS MASCARAS SERÁN QUITADAS.

Por ahora, ellos seguirán con su cadena de engaño y mentira para arrastrar tras si a mucha gentes, pero llegara el día en que sus mascaras serán quitadas ante el Juez de los cielos. A pesar de que estos “lobos rapaces” profetizaban, echaban fuera demonios y hacían milagros; no son reconocidos por el Señor como auténticos siervos de Dios.

SEÑALES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS.

Hoy estamos viviendo lo que podríamos llamar “la onda de los milagros” hoy se mide la calidad espiritual del predicador por los milagros y los brincos que da, mas que por el mensaje que predica. Cada día que pasa, aparecen nuevos profetas, hacedores de milagros y espiritistas en el mundo, que mezclan la verdadera esencia del evangelio con una especie de magia diabólica. Ya no se predica la salvación, sino milagros y sanidades, y mucha gente “cristiana” van en caravanas a rendirles pleitesías a estos mercaderes de la fe.

CONCLUSION.

Estas son señales de los últimos tiempos de que hablo el Señor a sus discípulos. Alerto seriamente a no dejarse engañar por ellos. Es por eso que se hace urgente que los verdaderos cristianos estemos alertas ante esta epidemia que amenaza a la iglesia de Cristo.

¿Quién eres? Es la pregunta que hace Jesús a los falsos profetas.

martes, 18 de septiembre de 2012

SI PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO ÉL DEBE SER MI GALARDÓN AL FINAL (3ra.Parte)



Por: Pastor Julio Ruiz

IV. SI PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO ÉL DEBE SER MI GALARDÓN AL FINAL

1. El morir es ganancia. Solo para quien el “vivir es Cristo”, el morir será una ganancia. Escuchamos a la gente decir que la muerte de alguien fue una gran pérdida. Esto puede ser así si hablamos de lo indispensable que era la persona a su familia, al negocio o a la sociedad. De modo que en este sentido la muerte no es una ganancia. Por otro lado, para quienes la muerte es un presagio para ser enfrentado, no puede resultar una ganancia. Pablo no vio la muerte como un destino incierto; como ir a algún lugar donde no se tiene un punto de llegada. Contrario a esto, él sabía que la muerte era como una “partida”. Él llegó a ver la vida y la muerte como dos asuntos extraordinarios. Si algo le motivaba quedarse era para ayudar a sus hermanos. Pero reconoció que estar con Cristo era muchísimo mejor. Así concibió Pablo la muerte. Era la partida para estar con Aquel que se le apareció en el camino de Damasco en todo su esplendor y gloria. Si alguien vive para Cristo, la muerte no es sino el puente para entrar en el gozo del Señor.

2. Hay una corona para el final de la carrera. Nadie podrá ser coronado sino llega a la meta. Muchos quieren una corona sin haber luchado legítimamente. El creyente será premiado de acuerdo a como haya vivido. Las coronas son el resultado de un gran esfuerzo. Note que después que Pablo afirmó haber pelado la “buena batalla” y haber “guardado la fe”, terminó hablando de lo que le esperaba una vez que llegara a la presencia del Señor; así se expresó: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8).

CONCLUSIÓN: “Para mí el vivir es Cristo” fue dicho por un hombre que tuvo todas las credenciales y la autoridad después de su conversión. Su vida estuvo llena de Cristo, por lo tanto nadie podía recriminarle el haber dejado su fe. Nunca se avergonzó de él, y hasta tuvo el coraje de pedir que nadie le molestara por cuanto él traía consigo las “marcas de Cristo” sobre su cuerpo. Feliz el creyente que pueda decir que en todo lo que hace, piensa, ve, oye, escribe, trabaja… su vivir es Cristo. ¿Podemos decir sin reservas “para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia?”. 

martes, 11 de septiembre de 2012

VIVIENDO SOLO PARA CRISTO (2da PARTRE)


POR: Pastor, Julio Ruiz

II. SI PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO ÉL DEBE SER MI TEMA

1. Hablar bien de Cristo desde el primer momento. En el testimonio de Pablo se nos dice que cuando se convirtió, “en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hch. 9:20).La gente no pudo quedar más perpleja con este cambio de parecer. El hombre que hasta hacía algunos días lo único que quería era ver exterminado todo ese movimiento que se originó con el “tal Jesús”, ahora lo está declarando, no sólo como el Mesías prometido, sino como el Hijo de Dios. Desde el momento de su rendición a Cristo se convirtió en uno de los más grandes paladines del evangelio. Su pasión por este mensaje lo llevó a decir: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para salvación…” (Ro. 1:16). En el contexto del pasaje donde dice “porque para mí el vivir es Cristo”, ha dicho: “¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún” (Fil. 1:18). Para este hombre lo importante era que Jesucristo fuera anunciado. ¿Cuál es el tema de mi conversación? ¿Cuál es mi verdadera pasión?

2. Hablar bien de Cristo hasta el final. Cuando Pablo estaba ya para morir, sabiendo que en cualquier momento aparecería el verdugo con la espada para cortar su cabeza, escribió a su discípulo Timoteo lo que se conoce como un verdadero epílogo, al decirnos: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe…” (2 Tim. 4:6, 7). Pablo no se descarrió desde que conoció a Cristo. No se tomó algunas “vacaciones espirituales”. No dejó de hablar de Cristo aun hasta la muerte. ¿Sabe usted a quién fue la última persona al que Pablo le testificó? Al soldado que cumplió la orden del César. Así como exclamó aquel soldado que crucificó a Cristo: “¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!”, el que iba a matarle tuvo que ver una cara llena de gozo, y por ende también decir: “¡Verdaderamente este era un hombre de Dios!”. Hermanos, si Cristo vive en mí, él debe ser el tema de mi conversación hasta el final. Que hablamos de él hasta el final.

III. SI PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO ÉL DEBE SER EL MODELO A SEGUIR

1. Siendo imitadores de Dios como hijos amados. Esta exigencia la escribió Pablo a los Efesios (Ef. 5:1). Pablo, con el olfato propio de alguien que sabe la tendencia humana, exhorta a sus hermanos a ser imitadores de Dios para formar un auténtico carácter cristiano. El mundo con su afán de seguir sus modas y modelos nos llama continuamente a conformarnos a sus propios caprichos. La seducción del pecado con sus múltiples tentaciones nos llama a imitar sus gustos y placeres. Satanás, vistiéndose como “ángel de luz”, nos invita a seguir sus irreverentes palabras para no escuchar lo que Dios ha dicho por lo que él desea que hagamos. Y es aquí donde libramos nuestra batalla por querer agradar a Dios y poner a un lado todas las ofertas que presentan un mundo de satisfacción temporal, por la satisfacción eterna. Si Cristo vive en mí, él debe ser mi modelo a seguir. No tenemos que imitar al artista de la ocasión. Los modelos que nuestra juventud ha seguido se están desmoronando. Pero nuestro amado Cristo sigue siendo el modelo del hombre nuevo. Todos los modelos se caen, pero Jesucristo es el mismo de siempre.


2. Hasta que Cristo sea formado en nosotros. Para la formación de los hermanos de Gálatas, Pablo sintió una especie de “dolores de parto” (Gá. 4:19). El trabajo con ellos fue arduo, sin descanso. Pero al final tuvo la satisfacción de saber que Cristo pudo ser formado en sus vidas. La meta del discipulado es llevar al creyente hasta la condición que Cristo sea formado en su vida. Estamos hablando de tener un auténtico carácter cristiano. En este sentido, el reto que nos está planteado es que podamos decir como también dijo Pablo: “Sed imitadores de mí, como yo lo soy de Cristo”.La palabra “formado” también pudiera traducirse como “revelado”. La idea es que Cristo se forme en nosotros hasta ir sustituyendo todo ese hombre viejo, que según el mismo apóstol, “está viciado conforme a los deseos engañosos”. Si Cristo no se forma en nosotros, nuestro carácter no será Cristo céntrico sino egocéntrico. Dejemos que el fruto del Espíritu sea un fiel reflejo de su presencia. No importa que vida puedas tener, si Cristo se forma en ti, tendrás un nuevo carácter. ¿Cuál es tu modelo? ¿Vive Cristo en ti? 

viernes, 7 de septiembre de 2012

GENTES SENCILLAS HECHOS EXTRAORDINARIOS




POR: MISAEL REYES
Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre.
(Apocalipsis 3: 8)

La fuerza espiritual de una iglesia no se mide por la cantidad de su membrecía, ni por la estructura física que posee, ni por la generosidad de sus ofrendas; sino por la obediencia a la palabra de Dios y al compromiso con que asume la tarea de la gran comisión.

¿Cuántos no añoran esas megas congregaciones donde uno se siente como rey, en la comodidad de butacas acolchadas y donde el calor no apresura nuestra salida a medio culto? (Y que conste que no tengo nada en contra del crecimiento de las iglesias, eso no tiene nada de malo).

De verdad que es confortable y acogedor un ambiente así, donde el salón este abarrotado del gentío y donde se realizan varios cultos para que los miembros que no puedan ir al primero, puedan ir al segundo y así sucesivamente.

Últimamente se ha puesto de moda una especie de competencia para medir las fuerzas de las congregaciones, y se toma como patrón tal vez,  el nombre de la iglesia, la cantidad de su membrecía, las ofrendas, la preparación del pastor, entre otras.
Se cree que por el hecho de pertenecer a cierta congregación, le da prestigio y lo eleva a niveles espirituales y menosprecian a quien como ellos no pertenecen a ese tipo de congregación.

A la iglesia de Filadelfia se le elogia no porque era la mayor de todas las demás iglesias del Asia Menor, sino porque a pesar de tener poca fuerza; había sido obediente a la palabra y por su testimonio.

Estos son los dos grandes secretos de una iglesia triunfante y victoriosa: la obediencia a la palabra y el testificar el nombre de Jesús.

No hay credo, ni estatuto, ni norma que pueda suplantar la palabra y generar el crecimiento de una congragación; sino el obedecer la palabra de Dios. Fue un principio en el antiguo testamento se repitió en el nuevo testamento y seguirá siendo el principio insustituible si en verdad queremos alcanzar la victoria sobre el mundo.
 De igual manera, no hay nombres que pueda sustituir el nombre de Jesús. Hablar en el nombre de Jesús, puede remover las más grandes calamidades y hace huir a las legiones de demonios que operan en el mundo.

Hoy se cree que es necesario disfrazar el evangelio con trucos y con otras atracciones tomadas del mundo del espectáculo o de los circos para atraer a las gentes. Se piensa que con tan solo promocionar la figura de un predicador x, las cosas van a ser mejores. Qué lejos se está de la realidad bíblica cuando pensamos que creer en el nombre de hombres lograremos alcanzar el más alto nivel de santidad como está ocurriendo hoy con muchos predicadores modernos.

lunes, 3 de septiembre de 2012

VIVIENDO SOLO PARA CRISTO


Por: Rev. Julio Ruiz, pastor

VIVIENDO SOLO PARA CRISTO
(Filipenses 1:21)
PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN: Este conocidísimo texto nos emplaza con una obligada pregunta: ¿Cuál es la razón por la que vivimos? Lo que Pablo dijo parece simple, pero tiene un mundo de reflexión. Porque es obvio que si Cristo no es mi “vivir”, otras cosas tienen que serlo. La vida de Pablo antes de encontrarse con Cristo estaba llena del más alto fariseísmo que se haya conocido. Estaba llena del más estricto apego a la ley. Era, en efecto, irreprensible en guardarla. Si la salvación hubiese sido por la ley, Pablo sería el primer salvado. Pero además, en cuanto a celo, era un acérrimo perseguidor de la iglesia. Nadie lo igualaba en la defensa de sus creencias. Por lo tanto, antes de conocer a Cristo, Pablo podía decir: “Para mí el vivir es la ley”. Sin embargo, a los filipenses, dijo lo siguiente: “Pero cuantas cosas eran para mi ganancias, las he estimado como pérdidas por amor de Cristo” (3:7). Es interesante que después que Pablo se convirtió a Cristo toda su vida se llenó de él, hasta el extremo de decir: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, ya sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Ro. 14:7, 8). El hombre y la mujer que afirma la declaración de Pablo, debe estar consciente de lo que está diciendo. Bien pudiera haber otras cosas, aun siendo creyentes, por las que vivimos. Es cierto que para muchos el vivir es otra cosa Pero si somos cristianos nuestra conclusión debiera ser la misma de Pablo: “Para mí el vivir es Cristo”. Veamos las implicaciones de esta declaración para nuestra vida.

I. SI PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO TIENE QUE HABER UNA MUERTE

1. Morir en el camino de Damasco. Mientras Pablo venía respirando amenazas de muerte contra todo lo que se llamara cristiano, tuvo su propia muerte. Si algún camino tendría que recordar por el resto de su vida, era el “camino de Damasco”. En ese lugar, en un medio día con un sol radiante, Saulo de Tarso murió. Duró tres días ciego para que se viera así mismo. No comió ni bebió para que su encuentro con el Señor fuera más real. Allí pasó de ser el que ordenaba a ser conducido. Allí fue derribado el hombre a caballo para caminar, a partir de entonces, sólo para el Señor. Así, pues, para que el creyente diga que para él el “vivir es Cristo”, tiene que haberse operado una muerte en su propio “camino de Damasco”. Cristo no puede ser mi vida si primero no muero. Si el grano de trigo no muere no puede dar fruto. Hay que morir para que Cristo viva.

2. Estar crucificado con Cristo. Del camino a Damasco Pablo pasó a la crucifixión. En otro de los muy conocidos textos, él dijo lo siguiente: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí…” (Gál 2:20). Su célebre frase “ya no vivo yo” pone de manifiesto la forma cómo él concibió su nueva vida en Cristo. La crucifixión era la muerta más temida. No era cualquier tipo de muerte. Era espantosa y dolorosa. Así tenemos que la profundidad en su comunión con Cristo llevó a Pablo a crucificar todo lo que era, incluyendo su pasado farisaico y su carne con sus pasiones. Esta misma verdad la declaró a los corintios al hablar de golpear su propio cuerpo; así dijo: “Cada día muero”. Para Pablo estar crucificado con Cristo implicaba traer consigo esas marcas; así lo expresó a los Gálatas: “De aquí en adelante nadie me cause molestias, pues yo traigo en mi cuerpo las marcas de Cristo” (Gá. 6:17) La experiencia de Pablo sirve de directriz para nuestra vida espiritual. Vivir en Cristo es crucificar al viejo hombre con sus deseos y pasiones. Para esto debemos recordar que toda crucifixión es dolorosa.